Carlos Ussía estudió en mi clase en 1º de Bachillerato. Creo. La verdad es que tengo la época del colegio un poco olvidada. Muchas veces mis amigas y yo debatimos si volveríamos al colegio y la mayoría de ellas están muy seguras de que sí. Yo, sinceramente, no.

No es que mi años en el colegio fueran malos, al revés, conocí a las que ahora son mis amigas, para el resto del mundo «éstas».

Nunca fui una mala estudiante (tampoco destacamente buena), supongo que fui una alumna normal.

Se me daba fatal el inglés, me encantaba analizar sintácticamente frases en lengua (era algo que me relajaba bastante, sigo sin entender a día de hoy el porqué), y en 2º de Bachillerato decidí que por mis santos ovarios yo no me iba a estudiar las integrales ni las derivadas. Como sabía que era una pregunta segura en selectividad, tomé la alternativa de verme obligada a elegir la otra opción que saliera en el examen. Y así lo hice. Nunca pensé que aprobaría matemáticas con más de un 5, pero debe ser que me vino Dios a ver, no sé.

Jugué al baloncesto con mis amigas desde que entramos en primaria, viajamos por toda España con las Olimpiadas Marianistas y los viajes de fin de curso fueron siempre muy divertidos. Aún así, ya os digo que no volvería al colegio ni loca.

Creo que, simplemente, me gusta más la versión de Mónica después de salir del colegio, por lo que no volvería a pasar por los recreos estudiando los exámenes de las horas siguientes o las clases de gimnasia intentando saltar las vallas (tampoco sé como aquellos trimestres aprobaba esa asignatura).

Carlos Ussía realmente ha ido al colegio conmigo toda la vida, pero no fue hasta 1º o 2º de Bachillerato (como os he dicho tengo los recuerdos del colegio un poco perdidos), cuando coincidimos en la misma clase.

Y no es que nos hiciéramos muy amigos como tal, pero supongo que entre unas cosas y otras pues nos llevábamos bien. Carlos se hizo muy amigo de mi amiga Ana (con la que vivo actualmente), una relación que se basa en tener discusiones parecidas a las de una pareja y un humor bastante negro que me fascina.

El caso es que aunque no es una persona que vea muy a menudo, cada vez que coincido con Carlos, hablamos. A mí es un chico que, honestamente, me cae bien. Me gusta hablar con él porque relativiza mucho la vida y le pone mucho humor, por lo que siempre saco conclusiones existenciales (también absurdas) cuando charlamos.

Ahora como vivo con Ana, algunas veces Carlos viene a casa a cenar (él dirá que viene poco porque no se le invita, pero ya os digo yo que está invitado siempre). En una de las ocasiones que vino a visitar a Ana, decidieron irse a dar un paseo para conocer el barrio y yo que estaba por ahí de paso, me uní a ellos.

Como somos personas educadas, le pregunté qué tal le iba todo. Carlos, contento, me contestó:

– Pues muy bien, estuve en San Sebastián con mi hermana así que cumplí mi último sueño alcanzable.

– ¿Cómo?

– Pues eso, que siempre había querido ir a San Sebastián y mi hermana lo sabía y nos fuimos allí y estuvo muy bien.

Yo , como me pasó cuando Lucía me habló de las liebres, me quedé pensando en el término «sueño alcanzable».

– No entiendo eso de lo del «sueño alcanzable». ¿Me lo explicas?

Y Carlos Ussía me volvió a demostrar que su mente merece la pena ser conocida. No recuerdo palabra por palabra lo que me dijo, pero a nivel general, fue algo así:

– Mónica, la gente tiene como una visión de los sueños muy amplia, tienen sueños un poco imposibles a corto plazo: ir a Australia, recorrer el mundo, conocer a un famoso que vive a millones de kilómetros, comprarse una casa de 3 pisos en Honolulu con vistas al mar… no sé, sueños que, de primeras, parecen poco accesibles.

En ese momento me dio por pensar en los sueños que tenía yo:

Tener un tigre, ir a San Francisco, ir a un concierto de Ed Sheeran, escribir un libro… A primera vista sonaban poco alcanzables.

Carlos continuó:

– Así que hace poco decidí tener sueños más accesibles, de ahí mi teoría de «los sueños alcanzables». Son sueños cuya probabilidad de que se cumplan es mucho mayor, como por ejemplo, ir a San Sebastían. A todo el mundo le gusta cumplir sus sueños por lo que… ¿por qué no hacerlos un poco más accesibles y realistas? A mí, desde luego, me ha hecho muy feliz ir a San Sebastián.

Me quedé pensando mientras recorríamos el Paseo de Delicias y Ana y él discutían de alguna tontería absurda de la vida como hacen siempre. A veces me piden que me posicione y es como elegir entre papá o mamá. Absurdo. Pero ellos son felices así y a mí me sacan unas risas.

La verdad es que Carlos tiene razón. Considero que es bueno y necesario tener sueños grandes que alguna vez en tu vida cumplas, pero la idea de tener sueños alcanzables es algo que ya a día de hoy veo obligatorio. Carlos me dio una opción para conseguir felicidad de una forma más sencilla.

No he dejado de desear con todas mis fuerzas ir a San Francisco, de hecho sé que algún día lo haré, pero ahora he añadido sueños más sencillos a mis pensamientos.  Como aprender WordPress, viajar a San Sebastian (le copié el sueño, a ver si se cumple), o ir a algún festival de música con mi hermano (como nunca lee lo que escribo, ni se enterará).

Os animo a que hagáis lo mismo. Porque suficiente perra es la vida de por sí como para ponerse las cosas más difíciles.

Por cierto, pedí permiso a Carlos para hacer pública su teoría. No os penséis que lo estoy haciendo a sus espaldas. Así que este post es de los dos.

Y ven a casa, Carlos, prometo que impediré que Ana haga una de sus ensaladas fit con cosas verdes y sanas.

 

Mónica Rincón Candeira

Foto: Gianni Berengo