Papá, supongo que a partir de hoy te escribiré muchos textos, ya sabes que me muevo muy bien entre el drama y el humor y, por lo que sea, me lo has dejado a huevo, las cosas como son.

La última vez que viniste a Madrid me dijiste que mis chistes negros sobre tus diversas enfermedades te hacían reír.

– El contenido que mereces, padre – te respondí.

Y aquí estoy, en una habitación de hotel de una ciudad que posiblemente nunca vuelva a ver de la misma manera. Ya le he dicho a mamá que León para mí va a ser como el cordero o el cochinillo, que si tengo que comerlos me los como, pero que no los pido por gusto.

No creo que vuelva por aquí por gusto sino por obligación, la verdad. Mira que es una ciudad bonita pero, por lo que sea, de nuevo, no ha terminado de convencerme.

Hoy, cuando hemos entrado al tanatorio, Luis se ha fijado en que las puertas automáticas tenían pintadas nubes, como si estuviéramos entrando al cielo.

Y claro, ya me conoces, me he tenido que reír, porque menudo puto chiste.

Y entonces me he reído tanto que se lo he contagiado a Luis y mamá se ha sentido avergonzada de nosotros que, como sabes, es algo que le ocurre mucho desde hace ya algunos años.

Hoy nos hemos pasado el día bebiendo y comiendo. Y el Madrid va ganando así que todo está en orden, papá, como te hubiera gustado a ti.

Luis ha gritado los goles del Madrid como si le fuera la vida en ello y mamá me ha mirado y me ha dicho: «Así desfoga».

Y tiene razón. Aquí cada uno lleva las cosas como puede.

Te has ido sin avisar, sin ver mi nueva casa y sin comprarme el helado de limón de la calle Ibiza. Las cosas no se hacen así, papá, pero no te lo tendré en cuenta porque, al fin y al cabo, tú siempre has hecho un poco lo que has querido sin avisar a nadie. Y ahora no iba a ser menos.

Luis ve el fútbol y yo escribo. Escribir me salva, supongo.

Te debo muchos más textos que irán dedicados solo para ti, porque el drama que me has dejado encima habrá que explotarlo, ya lo sabes.

Te quiero, papá. Te queremos. Y además de llevarte siempre en nuestro parecido físico (mejorado, como dice mamá), te vamos a llevar siempre en nuestro corazón.

-06-04-2021-

Mónica Rincón Candeira

Foto: Robert Doisneau