¿Sabéis?

En 2019 he llorado mucho menos que otros años y me he reído como siempre, la verdad. Porque yo con muy poquito me río, eso es así.

Acabé el 2018 con dos objetivos claros para el año que venía: hacer deporte y ganar fuerza mental.

Puedo decir y digo que no ha habido prácticamente una semana en los 365 días que dura el año en la que no le haya pegado a un saco. Desde entonces mi cabeza está un poco más calmada.

Si he ganado fuerza mental o no…. no lo sé, pero sí he notado que, de un tiempo a esta parte, como diría mi amigo Carlos Ussía, “me la suda todo” (por decirlo de alguna manera).

Y yo creo que por eso he llorado menos, honestamente.

Al 2020 no le pido nada, porque lo mejor es no esperar nada, que luego cuando pasan cosas bonitas es todo alegría y eso siempre es bueno.

Soy una mujer muy afortunada porque tengo muchas personas a mi alrededor con las que reírme de la vida, beber vino, emborracharme a base de ron con Coca-Cola Zero y cumplir sueños alcanzables.

Y no pido más, la verdad.

Hace años miraba al nuevo año y deseaba adelgazar, encontrar (o seguir) con el príncipe azul (verdoso) y tener dinero.

Ahora… solo quiero seguir riéndome como me río cada día y enseñar al mundo la sonrisa que mis padres me pagaron. Ese dineral hay que amortizarlo, evidentemente.

Por cierto, la foto me la hice el otro día en la cocina, que estaba yo un tanto ebria y no me preocupé mucho del encuadre. La he visto y me ha hecho gracia porque no sé en qué momento pensé que debía hacerme una foto en la cocina de mi casa, pero creo que capta mi esencia muy bien.

El sinsentido y el alcohol es lo que tienen, supongo.

Os deseo a todos un feliz 2020. 

 

Atentamente,

Mónica Rincón Candeira / Las 10 menos cuarto