Hoy he tenido lo más parecido a una cita desde hace ni se sabe.
Eso os cuento.

Supongo que querréis saber los detalles, porque al final una cita no es una cita si no se cuenta y si no se dan detalles acerca de cómo se ha desarrollado.
Pues como no quiero que mi cita quede en el olvido, os la contaré, que ya que ha sucedido, una no puede dejar escapar estos momentos.

Hace 2 meses que estoy trabajando en un centro de negocios (no daré publicidad, no vaya a ser que se enteren, mi relato les espante y me despidan por ser una influencer terrible).
Hace 2 meses que estoy trabajando en un centro de negocios y mi horario pues es partido, como el pan, o la sandía, o cualquier cosa que se parta.

De 14.00 horas a 16.00 horas me dedico a comer y ver pasar el tiempo. Que ahora me diréis que me apunte al gimnasio para matar ese tiempo, como si para mí fuera fácil matar al señor con gabardina y sombrero, no soy tan despiadada.
Os respondo que estuve apuntada al gimnasio pero como no me motivaba he cambiado a otro deporte llamado fitboxing en el que, básicamente, me dedico a dar puñetazos a un saco y liberar toda la mala leche interior que tengo que, por si no lo sabíais, es mucha.
Así que al no ser yo una persona rica pues he tenido que decidir entre invertir mi dinero en pasar el tiempo de la comida o liberar mi ira interior. Como supondréis, ha ganado la segunda opción. Mi mente y mi madre están mucho más tranquilas.

No es que me esté desviando del tema cita, es que para contárosla tengo que poneros en antecedentes, ubicaros, daros una butaca numerada entre el público.

Como de 14.30 horas a 16.00 horas no hago nada, me voy a la recepción del centro de negocios y me siento en un sofá muy grande que hay y que invita a la siesta. Paso una hora y media leyendo (ahora no porque se me ha roto el eBook y vivo en una desolación continua) y viendo vídeos o series de Netflix (mi actual novio hasta hoy).

Como el centro de negocios es grande, hay muchos clientes que entran, salen y esperan el ascensor en recepción. Como sé que mi madre se enfadaría si no lo hiciera, saludo a todos porque soy una chica educada, claro.

Desde hace unas semanas uno de los clientes aprovechaba esas entradas y salidas para saludarme y decirme un par de frases que solían ser: «¿Cómo está la chica de los cascos?», ¿Has ido al gimnasio hoy?».

Normalmente me lo decía cuando más en mi mundo estaba así que yo me limitaba a sonreír y seguir viendo las chorradas que me da por ver en el móvil. Sin embargo hoy ha ido un paso más.

Ahora es cuando os digo que el cliente en cuestión debe tener unos 60 años y su única obsesión es que en vez de pasar mi rato de descanso en recepción lo haga fuera bajo el sol… o en la calle, básicamente.

Hoy se ha acercado a mí y me ha dicho:

– ¿Sabes qué? Hoy me voy a sentar aquí contigo un rato.

Yo, amante de la comunicación y la palabra le he dicho que por mí encantada y ha sido entonces cuando ha comenzado lo más parecido a una cita que he tenido desde hace tiempo:

– ¿Cómo es que estás aquí sentada y no sales a tomar el aire?
– Pues no sé, porque ponerme sola en un banco a ver series me da como pena.
– Tampoco es para tanto. ¿Desde hace cuánto que trabajas aquí? Antes no veía a nadie sentado en recepción.
– Pues dos meses, trabajo en comunicación.
– ¡Qué bien! ¿Cómo te llamas, por cierto?
– Mónica.
– Pues encantado. ¿Cómo es que no inviertes este tiempo de descanso en hacer algo?
– Porque antes iba al gimnasio pero ahora me he apuntado a una especie de boxeo.
– ¿Y a quién visualizas cuando pegas?
– Al género masculino en general.

Yo me sentía como en «First Dates», la verdad.

– Yo es que ya soy muy viejo, pero si no también haría boxeo como tú o algo parecido.
– Yo lo recomiendo, ya no odio la existencia tanto.
– Madre mía, Mónica.
– Es que me gusta el drama.
– Ya veo, ya.

Ha sido uno de los mejores descansos de todos los tiempos.

– Bueno, voy a ver si vuelvo al trabajo a ver si tengo una tarde tranquila.
– Yo igual… Ha sido un placer pasar el descanso contigo, nos volveremos a ver.
– Mónica, nos vamos a ver todos los días, pasamos la mayor parte del día aquí.
– Pues eso. Creo que ha sido lo más parecido a una cita que he vivido en años, en serio.

La mujer que trabaja en recepción no daba crédito. El señor se ha levantado, me ha mirado y me ha dicho:

– Mónica, no seas tonta y aprovecha los descansos para salir, no te quedes aquí porque alguien como tú tiene que salir fuera y comerse el mundo. ¡Te tienes que comer el mundo!

Le he mirado y me he reído.

– Hoy le voy a decir a mi madre que he tenido una cita, ya verás cómo se alegra.

A continuación he mirado a Raquel, sentada en recepción y le he dicho lo que ya sabéis:

– Raquel, no filtro, de verdad, tengo un problema.
– Pues lo que te ha dicho este cliente es verdad, tienes que comerte el mundo.

Y estoy aquí pensando que lo mismo nunca es tarde para empezar a comerse el mundo, o por lo menos para querer hacerlo.

¿No?

 

Mónica Rincón Candeira

Foto: Jeanloup Sieff