Creo que todavía me dura la resaca del sábado. O del domingo. A decir verdad no sé cuándo empezó la resaca. Pero creo que todavía no ha acabado. Por desgracia… o por suerte, según se mire.

En la boda de mi prima tuve tres funciones de las cuales cumplí dos más o menos bien. Quizá más menos que más, pero lo intenté. Intenté que su velo estuviera colocado durante toda la misa e intenté bailar como mediantemente pude, que no es poco. Porque al final con el paso de los años una se va conociendo a sí misma y se da cuenta de lo que se le da bien y se le da mal.

A mí se me da bien montarme películas en mi cabeza, comer comida que engorda y gastarme el dinero que no tengo en cosas que no necesito.
También tengo identificadas aquellas cosas que se me dan mal: bailar encabeza la lista seguido de cantar y colorear sin salirme de las rayas que marcan los dibujos.

La única función que no cumplí fue la de crear un hashtag (mamá, un hashtag es la almohadilla seguida de una palabra o frase) que unificara las publicaciones en redes sociales de la boda.

No pude hacerlo. Ni con alcohol encima que es cuando mejor pienso se me ocurrió un concepto que resumiera en unas letras lo que mi prima Loreto y su ya marido Javi representan para mí…

Hoy Loreto me ha enviado unas cuantas fotos de la boda y no he podido más que sentirme afortunada por haber estado en un día tan especial en cuyo aire había una mezcla de olores provenientes de #Sevilla, #París, #Córdoba, #Madrid y #Navarra, entre otros.

La #familia y #amigos de Javi me cayeron mejor que él (que tampoco es algo complicado). Prueba de nuestra nueva amistad es el estado tan lamentable en el que acabaron algunos de ellos, junto conmigo, no me voy a quitar mérito, a altas horas de la madrugada en una discoteca de #Serrano a la que no recuerdo ni cómo llegué. Supongo que andando.

Tengo que hacer una mención especial a la familia materna de mi prima. Una piensa que no anda bien de la cabeza hasta que conoce a gente cuya cabeza está peor. Y claro, las #carcajadas están aseguradas. Las #primas Álvarez me hicieron #llorar de la #risa desde el momento que las conocí (que ya las conocía, pero yo no las recordaba, aclaro).

No hay suficientes #anillos de oro que igualen vuestra bondad, #alegría y sentido del humor.

No vamos a negar lo evidente y es que soy una persona cursi, pero es cierto que de un tiempo a esta parte me encuentro yo en una crisis existencial con la vida, la escritura y el amor.

Por eso creo que la relación de Loreto y Javi llegó en el momento oportuno de mi vida. Me encanta verles juntos porque siento que las cosas pueden salir bien.

Y sé que mi prima Loreto entenderá lo que voy a escribir a continuación cuando digo que para mí conocer a Javi fue como ese aire fresco que entra por primera vez en una habitación que lleva mucho tiempo con las persianas bajadas, las ventanas cerradas y la luz apagada. Javi me devolvió la #esperanza.

A pesar de que desde el primer día que nos conocimos nos hemos relacionado a base de insultos, bromas y gifs… A pesar de que le he repetido alrededor de mil veces las pocas ganas que tenía de que formara parte de mi familia…

A pesar de todo, confieso que mis semanas son peores si no hay una conversación con él de por medio en la que me increpe gratuitamente y yo le diga que le odio mientras, sin que él pueda verlo, en mi cara se dibuje una gran #sonrisa.

Sé que Loreto ha asumido que no tenemos remedio y estamos destinados a relacionarnos así toda la vida. ¡Y qué bonito! Porque sí, porque Javi tendrá sus cosas, como todo el mundo, pero para mí es #perfect(o).

Y no sabéis cómo baila… ¡Qué arte tiene para el #baile! Que lo mismo te baila #Grease que te mueve las caderas al más puro estilo de #Beyonce.

Cuando vi a Loreto salir del coche para dar los últimos pasos hasta la #iglesia me acordé de aquella navidad en la que fuimos a su casa y, a escasos días para enfrentarse al MIR, pude comprobar de primera mano que mi prima estaba loca.

Loca. Y sé que ella se reirá leyendo esto porque es real. Tenía todo su cuarto lleno de apuntes, post-its de colores, subrayadores y libros abiertos que hacían compañía a su fiel amigo “el esqueleto con bata” ubicado en mitad de su habitación.

Loreto no solo aprobó el MIR sino que pudo elegir la especialidad que quería. Y es que así es Loreto, brillante. Como el #sol, pero mejor.

Me gusta poner ese ejemplo porque creo que define muy bien a mi prima. Es constante, trabajadora, inteligente, elegante, cuidadosa… Y siempre tendrá para mí alrededor de unos 24 años. No más. No sé por qué me da que siempre va a ser #LaNiña.

Es complicado compararse con ella porque es bastante probable que salgas perdiendo, os lo aseguro.

Nunca podré agradecerle lo suficiente que comparta todas las chorradas que me da por escribir. Ella me quiere aunque no me peine, aunque no me arregle y no sepa andar en tacones. Me quiere porque aunque sea un #cuadro (pintado en el #menú), mis colores son siempre animados, que lo sé yo. 
Y lo más importante, me acepta como prima a pesar de que incito a su ya #marido a no afeitarse en la vida. Jamás de los jamases. Nunca.  

Sin duda, sigo todavía en una #resaca emocional de la que me costará mucho salir. Y es que hay bodas que son difíciles de olvidar…

Aprovecho este post para pediros disculpas, sobre todo a Loreto, por no haber cumplido mi tercera misión y no haber podido elegir a tiempo un hashtag que definiera vuestra boda.  

Supongo que más vale tarde que nunca… ¿no?

No dejéis nunca de bailar juntos, por favor. 

 

 

Mónica Rincón Candeira

Foto: Henri Cartier Bresson

 

Os quiero (sí, a ti también, Javi, pero que no se te suba a la cabeza).