Cuando pego al saco siento que tengo el poder de lo que hago, ¿sabes?

Es un poco difícil de explicar. No sé… Es raro. No es que ahora me haya convertido en amante el deporte, creo, porque a estas alturas dudo hasta de mí misma.

Hace unos meses todo era diferente. Hace unos meses todo era peor.

Créeme que me jode profundamente admitir que esto me ha salvado, pero es que en realidad lo ha hecho. Llevo 29 años defendiendo que el deporte es horrible y ahora mismo cuento las horas para saludar al saco número 11.

¿En qué momento todo ha cambiado? No lo sé, pero me gustaría saberlo. Visualizarme como en esas películas en las que alguien muere y sale de su cuerpo y ve desde fuera cómo ha sido su vida. A mí me gustaría que me pasara algo parecido (pero sin la necesidad de morir) y ver el instante en el que todo cambió.

El otro día Ana me dijo que desde que iba a fitboxing me veía mucho más contenta y creo que es cierto.

Llevaba muchos años sin tener el control de mi mente y creo que, por fin, estoy consiguiendo llegar a un acuerdo con él y recuperar lo que un día fue mío.

Es como si los señores diminutos que viven en mi cabeza me estuvieran dando las cuerdas para que sea yo la encargada de unirlas. Hubo un tiempo en el que pensé que viviría en un auténtico caos mental continuo, te prometo que me rendí y decidí no luchar más con esas criaturas. Les di el control y asumí que el caos que mandaba en mi cabeza tenía nombre y apellidos y que más me valía aprender a vivir en su dictadura.

Pero ahora llego a mi saco, que no es que sea mío, pero casi. Llego a mi saco, me pongo a dar golpes y me hago fuerte.

Nunca pensé que un deporte se me daría bien pero creo que le estoy cogiendo el truco. Mitad de mi vida jugando al baloncesto cuando lo mismo debería haber empezado a pegar leches a un saco mucho antes. La vida y sus cosas, supongo.

Sabes que nunca he sido una persona muy competitiva pero de un tiempo a esta parte entro en clase y comienzo una pelea contra mí misma. Porque quiero un 100%, porque resulta que un porcentaje mide la batalla. ¿Quién lo iba a decir?

Siento que en cada golpe, que en cada patada y en cada respiración que hago para intentar no morir (sé que no me vas a creer pero a veces siento que me va a dar un jari entre fondo, sentadilla y burpee) consigo salvarme.

Yo nunca pensé que esto me iba a salvar, la verdad.

Sin embargo, lo ha hecho.

Mónica Rincón Candeira

«Elena, esto es por ti»