Creo que mi hermano y yo podemos decir sin ningún tipo de duda que este fin de semana ha sido uno de los más duros de nuestra vida.

Volver a León nos ha removido mucho. Muchísimo.

Este fin de semana dejamos la ciudad de lado y nos adentramos en el pueblo en el que mi padre fue más feliz durante los últimos 5 años. Volvimos a Lugueros.

Aunque sabéis que me va a costar ver León de la misma forma, os aseguro que mi padre eligió el sitio más bonito del mundo para vivir. Un pueblo con unos 20 habitantes ubicado entre montañas, verde y junto a un río en el que poder pescar.

Este fin de semana volvimos a recorrer sus hoces, nos congelamos de frío y sentimos añoranza cuando nos reencontramos con el olor de mi padre, ese olor que impregnaba la casa cuando venía a Madrid, ese olor a leña, a chimenea, a pueblo.

Este ha sido uno de los fines de semana más complicados de nuestra vida porque entramos en su casa y volvimos, en cierta medida, a verle a él.

Sus cuchillos de cocina, su sal gorda en un bote de cristal, su desorden y sus miles y miles de papeles guardados.

Cuando subimos las escaleras para llegar al segundo piso vimos su escritorio, desordenado como siempre.

Sobre el mismo, tenía colocados tres marcos, en uno de ellos estábamos Luis y yo con él y en los otros dos tenía fotos de mi madre cuando era joven.

Nos emocionó mucho saber que nos tenía ahí.

Hoy es el día de la madre y puede que por las circunstancias no sea el más bonito del mundo pero fue precioso ver cómo, a pesar de todo, sobre el escritorio de mi padre estaba ella.

Te lo dije el año pasado y te lo repetiré siempre, gracias por ser nuestra guía.

Luis, Arya, Zampa, papá y yo te vamos a estar eternamente agradecidos.

Mónica Rincón Candeira

Foto: Ansel Adams