¿Recuerdas el juego del “pilla- pilla”? Hasta una persona con una memoria como la tuya sería capaz de recordarlo así que daré por hecho que sí.

El caso es que hoy estaba pensando en todo y en nada, que es algo que como sabes se me da muy bien, y me ha dado pensar en ese juego al que tanto jugábamos cuando éramos pequeños.

Correr, correr y correr… ¡Con lo que yo he odiado siempre correr! 
De eso se trataba. Correr para evitar que te pillaran. ¡Como si correr resolviera los problemas!

Estaba pensando en el “pilla-pilla” y me he acordado de que, según indicaban las normas del juego, cuando querías un descanso para recuperar el aliento, para sentirte a salvo, tenías derecho a pasar un par de minutos en lo que se denominaba “casa”. Que no es que fuera una casa en sí misma, sino más bien un punto consensuado por todos los jugadores para la salvación momentánea.

Sudar por sudar, de verdad, menuda tontería.

A lo que iba, me he puesto a pensar en el juego al que jugábamos en los recreos y me ha invadido una sensación de nostalgia. Ha sido extraño.
A veces me gustaría recuperar esos años e invertirlos de otra forma, como si eso fuera posible, como si el Señor del Tiempo nos pudiera conceder ese deseo al instante…

Si te soy sincera, ahora mismo tengo la sensación de que estoy en un continuo “pilla-pilla” sin final. Es como si nunca sonara la canción que marca el final del recreo e indica que el juego debe terminar.

¿Y sabes lo que pasa? Que corro, corro y corro y nunca encuentro la “casa”. Porque a veces siento que el lugar en el que descansar para tomar aliento durante un par de minutos y estar a salvo desapareció cuando todo acabó.

¿Recuerdas el juego del “pilla- pilla”?

Necesitaba decirte que para mí, tú eras “casa”.

 

Mónica Rincón Candeira

Foto: Jacques Henri Lartigue