Mi padre usa camisas con un bolsillo en el lado izquierdo del pecho. De siempre. Ya sean de manga corta o de manga larga, o eso creo yo.

¿No os ha pasado alguna vez que habéis estado pensando durante muchos años de vuestra vida que algo era de una manera cuando, en realidad, era de otra y os dais cuenta de que habéis vivido en una gran mentira?

Pues a mí me pasa lo mismo con las camisas de mi padre, lo mismo el hombre usa también camisas sin bolsillos en el lado izquierdo del pecho pero para mí, no. Y la verdad, papá, si lees esto, lo mismo me crea un trauma que me digas que en realidad solo las usas a veces. Así que mejor no me digas nada, ya sabes que me gusta vivir en mi mundo de fantasía donde el amor existe, los hombres llevan barba y el chocolate no engorda.

Mi padre usa camisas con un bolsillo en el lado izquierdo del pecho porque guarda cosas, bueno, quien dice cosas, dice papeles, tarjetas, lotería… Mi padre guarda en el bolsillo del lado izquierdo de la camisa todo. Y quien dice todo es… prácticamente todo.

Supongo que cuando nos hacemos adultos (yo todavía estoy en proceso) y recordamos nuestra infancia, nos vienen a la memoria imágenes sueltas o momentos concretos de nuestra niñez. Yo recuerdo que cuando mi padre se cambiaba de camisa, dejaba en la mesilla de noche todos los papeles que tenía guardados en el bolsillo y, una vez que se abrochaba el botón de la camisa nueva, volvía a guardar todos los papeles en el lugar de siempre, esta vez decorado con otro estampado.

Cuando el peso del bolsillo ganaba la batalla, mi padre sacaba todos los papeles de dentro y tiraba algunos. Siempre he pensado que lo hacía de forma aleatoria porque ni él mismo sabía todo lo que su bolsillo albergaba. Nunca llegaba a tirar todos, siempre se guardaba alguno, un papel arrugado, un número de teléfono en una servilleta…

Y, como os podréis imaginar, el bucle comenzaba de nuevo. Y así toda la vida, toda su vida o toda la vida que él ha pasado a mi lado.

Y no sé si es porque soy su hija y debo continuar su legado, pero creo que tengo un “bolsillo de papá” en mi interior.  Lo que pasa es que mis papeles son distintos, son… abstractos, pero pesan igual, quién sabe, lo mismo incluso más.

Después de ver la rutina de mi padre año tras año y tras una discusión conmigo misma llegué a la conclusión de que cada cierto tiempo debía obligarme a tirar todos los papeles que me pesaban y empezar de nuevo. Resetearme, como si fuera un iPhone o un ordenador.

Sin embargo…  mi padre y yo no solo nos parecemos físicamente, creo que también nos parecemos en algo más. Y es que me he dado cuenta de que, aunque lo intente, cuando vacío mi bolsillo y dejo todos los papeles en la mesita de noche, alargo la mano y, con disimulo, cojo algunos. Y soy consciente de que debería tirarlos, alejarlos de mi memoria, eliminar el peso que me producen en el cuerpo… sin embargo, no puedo. Hay determinados papeles que siempre vuelven a mi bolsillo estampado en locura.

Y, como le pasaba a mi padre, todo empieza de nuevo.

El bucle, el peso y el corazón.

 

Mónica Rincón Candeira

Foto: Gilbert Garcin