Cuando mi padre murió y hablé con personas que, por desgracia, también habían perdido a los suyos, todos me dijeron que me quedaba por delante «el año de las primeras veces sin él».

Hoy ha sido el primer cumpleaños sin mi padre y sin su llamada para decirme: «Feliz cumpleaños, hija».

He echado mucho de menos esa llamada, la verdad, no os voy a engañar. Sigo pensando mucho en su voz.

Pero, a pesar de ese sentimiento un pelín amargo, he pasado todo mi cumpleaños reafirmándome en algo que llevo meditando ya unos meses y es el hecho de saber que soy muy afortunada por la vida que tengo y, sobre todo, por las personas que forman parte de la misma.

Mi padre ya no está aquí y aunque es un hueco que nadie puede llenar, tengo infinita suerte de tener a personas que se ocupan de que esa ausencia se me haga mucho más llevadera en días como hoy, por ejemplo.

Cuando mi padre murió, los amigos del cole de Luis y mis amigas nos mandaron flores.
Mi madre nos dijo que éramos muy afortunados por las amistades que teníamos y la verdad es que llevaba razón.

Muchas de las personas que me quieren destacan de mí la capacidad que tengo para sonreír y reír a carcajadas pero la realidad es que puedo hacerlo gracias a ellas.

No es que no valorase lo que tengo pero desde que se fue mi padre me he dado cuenta de lo importante que es tener personas en tu vida que te quieran en los buenos y en los malos momentos. Me he dado cuenta de lo importante que es tener amigos y amigas.

Creo, sinceramente, que tanto Luis como yo tenemos la suerte de tener a los mejores.

Aprovecho mi cumpleaños para daros las gracias a todos y todas por no dejar que pierda lo que para vosotros y vosotras es mi esencia. Gracias por no dejarme perder la sonrisa.

Mónica Rincón Candeira

Foto: Hebert List