Mi prima Lucía y yo somos fans absolutas del grupo de música «La Maravillosa Orquesta del Alcohol» o como ellos mismos se denominan por eso de abreviar, supongo, «La M.O.D.A».

Nos enteramos de que éramos igual de seguidoras cuando mi prima se indignó, con razón, al no ser avisada de la compra de entradas de uno de los conciertos de hace un par de años en Madrid. Por suerte y casi a última hora, Lucía consiguió una entrada y pudo venir conmigo y dos amigas más al antiguo Palacio de Deportes de Madrid (sé que ahora tiene un nombre mucho más millennial y comercial que no termina de asentarse en mi cerebro por falta de ganas, la verdad).

Fue un conciertazo. ¿Qué no soy objetiva? Puede ser. Pero fue un conciertazo. Mi prima Lucía y yo disfrutamos como enanas y tuvimos muchos pensamientos impuros con alguno de los componentes (no diré quién).

Desde ese día y tras comprobar que éramos (y somos) dos locas histéricas amantes de «La M.O.D.A», hemos compartido canciones nuevas, hemos comentado lo poco que nos gustaban las canciones en inglés, hemos elegido nuestros temas favoritos, hemos seguido fantaseando con el componente de la banda secreto y hemos podido repetir otro concierto en el mismo lugar.

Otro conciertazo. ¿Que sigo sin ser objetiva? Puede ser. Pero fue un conciertazo.

Concierto final de gira. Se cerraba un ciclo, supongo, nunca he tenido un grupo, pero después de dos años yendo de un sitio a otro, supongo que estarían cansados. Y ahí estábamos Lucía y yo, viendo a uno de los grupos que más felices nos ponen y que decidió (seguramente porque sabía que íbamos), traer a Quique González como invitado.

El acabose, vamos.

Raro me parecería que después de este post no me contrataran las revistas musicales para escribir crónicas de conciertos con la objetividad que estoy derrochando.

El final de gira de «La M.O.D.A» fue a finales de 2019. Quién lo pillara, ¿verdad?

Tan cerca de la Navidad y aprovechando mi total creencia en los Reyes Magos de Oriente decidí pedir con todas mis fuerzas dos camisetas de «La Maravillosa Orquesta del Alcohol». Una para mi prima y otra para mí, claro. Creo que es uno de los regalos que he pedido con más ganas (después de la camiseta de Iker Casillas en mi niñez (y no tan niñez)).

Llegó el 6 de enero y… ¡vinieron los Reyes Magos! Vi dos paquetes envueltos de igual forma y con el nombre de mi prima y el mío escritos. ¡Estaba segura de que eran las camisetas!

Cuando llegué a casa de mis tíos (tradiciones familiares, ya sabéis), esperé a que todo el mundo hubiera abierto sus regalos y le di a Lucía su paquete mientras sostenía el mío en la mano.

– Creo que te va a gustar – le dije.

Y  las dos abrimos el regalo a la vez.  Y gritamos.

Se había confirmado, éramos (y somos) auténticas fans.

– Prometo guardarla hasta la próxima gira para estrenarla como se merece – me dijo Lucía.

Y yo pensé lo mismo. Es decir, estrenarla en un tiempo cuando, esperaba más pronto que tarde, «La M.O.D.A» volviera a girar.

Llegué a mi casa, doblé la camiseta y la metí en el armario. Y hasta hoy.

Todavía no he estrenado la camiseta, sigue ahí guardada debajo de un montón de camisetas a medio doblar, relegada casi a la última posición… esa posición a la que se llega cuando decides que una camiseta ya no es prioritaria en tu ropa habitual, cuando ya no la encuentras lo suficientemente bonita o cuando crees que, valga la redundancia, ha pasado de moda.

Y entonces todo esto llegó. El virus, la pandemia, el encierro. Y todo mal.

Han ido pasando los días y las noticias han sido cada vez más confusas, menos alegres y poco alentadoras. Y resulta que ahora dicen que no habrá conciertos hasta 2021. ¡Hasta 2021!

Y  yo tengo una pena que no me cabe en el pecho. Asumo y entiendo la decisión pero… mi pequeña tragedia personal (dejando claro que sé que hay cosas más importantes pero que yo escribo de temas cotidianos de la vida) está ahí.

A veces cuando veo las noticias mi hermano me notifica que se retrasa más la fecha para disfrutar del ocio en nuestro país y entonces yo pienso en la camiseta, en esa camiseta relegada a la última posición de las camisetas en el armario. Esa camiseta que significa tanto para mí y que decidí posponer, como los que posponemos la alarma del móvil muchas veces antes de despertamos.

¿Por qué no la estrené antes con lo mucho que me gustaba? Porque soy gilipollas, básicamente.

Escribo este post para decirte, Lucía, que cuando acabe todo esto, vayamos al armario, abramos los cajones, apartemos nuestras camisetas de rayas, las camisetas básicas (que nos conocemos), cojamos la camiseta de «La Maravillosa Orquesta del Alcohol» y nos la pongamos.

No lo retrasemos más.

No retrasemos las cosas  más.

«Esto es el puro sentimiento,
es como un gol en el descuento
que nació de las entrañas
y te llega al corazón».

(Colectivo Nostalgia)

Texto y foto: Mónica Rincón Candeira